EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO

Allan Kardec

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Para resistir a una tentación

20. Prefacio. Todo mal pensamiento puede tener dos orígenes: la propia imperfección de nuestra alma o una influencia funesta que obre sobre ella. En este último caso es siempre indicio de una debilidad que nos hace propios para recibir esta influencia, y por consiguiente, de un alma imperfecta; de tal modo, que el que comete una falta, no podría dar por excusa la influencia de un espíritu extraño, puesto que "este espíritu no le habría inducido al mal si le hubiere considerado inaccesible a la seducción".


Cuando un mal pensamiento surge a nosotros, podemos, pues, representarnos a un espíritu malévolo que nos induce al mal, y a quien somos libres de acceder o de resistir, como si se tratara de las instigaciones de una persona viviente Al mismo tiempo debemos representarnos a nuestro ángel guardián o espírltu protector, que por su parte combate en nosotros la mala influencia y espera con ansiedad "la decisión que vamos a tomar". Nuestra vacilación en hacer el mal es la voz del espíritu bueno que se hace oir por la conciencia.


Se conece que un pensamiento es malo cuando se aparta de la caridad, que es la base de toda verdadera moral; cuando tiene por principio el orgullo, la vanidad o el egoísmo; cuando su realización puede causar un perjuicio cualquiera a otro; cuando, en fin, nos induce a hacer otras cosas que las que quisiéramos que nos hicieran a nosotros. - (Cap. XXVIII, número 15. - Cap. XV, núm. 10.)

21. Oración. Dios Todopoderoso, no me dejéis sucumbir a la tentación que tengo de cometer una falta.


Espíritus buenos que me protegéis, desviad de mí este pensamiento malo y dadme fuerza para resistir a la sugestión del mal. Si sucumbo, habré merecido la expiación de mi falta, tanto en esta vida como en la otra, porque soy libre de elegir.