MANUAL PRÁCTICO DE LAS MANIFESTACIONES ESPIRITISTAS

Allan Kardec

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Reúnen en sí la ciencia, la prudencia y la bondad; su lenguaje sólo respira benevolencia, y es constantemente digno, elevado y con frecuencia sublime. Su superioridad les hace, más que a los otros, aptos para darnos las nociones más justas de las cosas del mundo incorpóreo, en los límites en que le es permitido al hombre conocerlo. Se comunican voluntariamente con aquellos que buscan la verdad de buena fe y que están lo suficientemente desligados de las cosas terrestres para poder comprenderla; pero se alejan de aquellos a quienes anima solamente la curiosidad, o a quienes la influencia de la materia les desvía de la práctica del bien. Cuando, por excepción, encarnan en la Tierra, es para cumplir una misión de progreso, y nos ofrecen entonces el tipo de la perfección a la que la humanidad puede aspirar en este mundo.
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